
A William Parra
No tengas miedo, me dijo
quizá sea sólo un recuerdo
en el corazón
como las cosas invisibles
que nunca mueren.
No hay mares ni peligros
sólo recuerdos
ahogados junto
a la opacidad
de las hojas secas
que el viento insiste en llevarse
al borde
del río
se hunden
lentas, incomprensiblemente pesadas
como pequeños nidos.
Hay muertos que aparecen
en mi memoria
bajo el arco de una puerta
detrás del piano
vuelves
como un pequeño león rojo
iluminando
mis ocuros pasajes
y en qué lugar
más allá de la muerte
te encuentras?
Tiemblo
de pensar que sea tu cielo
un mar de crestas
inauditas.
Dulce amigo
tus ojos
con el color del desierto
se me aparecen esta noche
inabarcables.
No entiendo
el silencio que emana
de las flores blancas
de tu mirada.
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